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Cuando el peso se convierte en un problema

El sobrepeso y la obesidad es uno de los problemas de salud de más rápido crecimiento. A menos que actúes para abordar las emociones negativas que hay detrás de comer en exceso, te podrías estar enfrentando problemas a largo plazo. Mucha gente piensa que tiene sobrepeso, cuando no es así. Los estereotipos de la delgadez asociada a la belleza, a veces hacen que uno esté preocupado por su peso. Si quieres saber si tienes sobrepeso u obesidad, necesitas conocer tu IMC (índice de masa corporal). Para calcularlo aplica esta sencilla fórmula:

IMC = Peso (kg) / altura (m) 2

Si el resultado es entre 25 y 26, 9 tienes sobrepeso. Si es mayor de 27, obesidad. Lo normal sería estar entre 18 y 24,9.

Cuando tienes un índice de masa corporal (IMC) muy alto puede aumentar el riesgo de muchas enfermedades graves. La hipertensión, las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2, fatiga crónica, asma, apnea del sueño y algunas formas de cáncer, tienen que ver con la obesidad. En las mujeres, la obesidad puede conducir a problemas en el sistema reproductivo. Y los estudios muestran que los casos graves de obesidad pueden reducir tu esperanza de vida, especialmente si eres un adulto joven.

De todas formas, encontrar la motivación para adelgazar, muchas veces no tiene que ver con problemas de salud física. Cada persona debe encontrar la suya para vencer la obesidad.

Las causas de la obesidad

Las causas de la obesidad rara vez se limitan a factores genéticos. Tiene más que ver con el estilo de vida. Comer en exceso prolongadamente o un estilo de vida sedentario suele ser la causa. Lo que hacemos y no hacemos a menudo es el resultado de cómo pensamos y sentimos. Por ejemplo, emociones de tristeza, ansiedad o estrés a menudo llevan a la gente a comer más de lo habitual.

Obesidad y depresión

La obesidad también se acompaña con frecuencia de depresión y los dos pueden desencadenar e influirse entre sí.

Aunque las mujeres están un poco más en riesgo de tener un IMC malsano que los hombres, son mucho más vulnerables al ciclo obesidad-depresión. En un estudio, la obesidad en las mujeres se asoció con un aumento del 37 por ciento en la depresión mayor.

La depresión puede causar y resultar del estrés, que, a su vez, puede provocar que cambien tus hábitos de alimentación y actividad. A veces cuesta recuperarse de una situación difícil (por ejemplo, pérdida de un amigo cercano o miembro de la familia, dificultades en las relaciones de pareja, pérdida de un empleo o enfrentarse a un problema médico serio). Se comienzan a comer demasiados alimentos que solo se deben consumir ocasionalmente o se renuncia a realizar ejercicio físico. En poco tiempo, estos se convierten en hábitos difíciles de cambiar.

Lo que hacemos y no hacemos a menudo es el resultado de cómo pensamos y sentimos

Comer compulsivamente, un comportamiento asociado con la obesidad y otros trastornos como la bulimia, es también un síntoma de depresión. Un estudio de personas obesas con problemas de sobre-ingesta compulsiva encontró que el 51 por ciento también tenía antecedentes de depresión mayor. Investigaciones adicionales muestran que las mujeres obesas con trastorno por atracón que experimentaron burlas acerca de su apariencia, más tarde desarrollaron insatisfacción corporal y depresión.

Lo que puedes hacer

Tratar con la obesidad y problemas similares de control de peso requiere adoptar nuevos hábitos que fomenten un estilo de vida más saludable. No intentes cambios radicales en tu dieta o en tus patrones de actividad. Nunca recurras a las “dietas milagro”. Te arriesgas no sólo a agravar lo que ya es una situación precaria de salud, sino también los problemas emocionales que la causaron.

Considera un enfoque multidisciplinar que involucre a varios profesionales de la salud cualificados. Tu médico te ayudará a desarrollar un plan seguro para perder peso que incluye tanto dieta como ejercicio. Un psicólogo puede ayudarte con el lado emocional de la ecuación. Tratará el estrés, la depresión o te ayudará a reformular las experiencias negativas que te hicieron subir de peso.

Aquí hay algunas otras cosas a considerar para ayudarte a tomar medidas contra la obesidad:

Piensa en lo que comes y por qué

Sigue tus hábitos y empieza por anotar todo lo que comes, incluyendo la hora del día y la cantidad de comida. También anota lo que estaba pasando por tu mente en ese momento. ¿Estabas triste o molesto con algo? o, ¿acababas de pasar por una experiencia estresante y sentías la necesidad de "comida rápida?".

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Tus metas y las emociones negativas

Lo más importante es ponerte metas realistas y hábitos que puedas mantener en el tiempo. Un cambio de vida no se hace de la noche a la mañana. Conlleva mucho esfuerzo, y cuando se trata de comida estamos sometidos a continuas tentaciones. Si tomas medidas muy drásticas o demasiado pretenciosas terminarás abandonando. A tus emociones negativas se sumarán otras de fracaso y hará que engordes todavía más.

Ten en cuenta que, si bien el tratamiento de la obesidad a menudo ayuda a disminuir los sentimientos de depresión, la pérdida de peso nunca resulta exitosa si permaneces agobiado por el estrés y otras emociones negativas. Puede que tengas que trabajar para resolver estos problemas antes de comenzar un programa de pérdida de peso.

Busca apoyo para perder peso

Perder peso es siempre más fácil cuando tienes el apoyo de amigos y familiares. Trata de involucrar a toda la familia en tener una dieta más saludable. Muchos hospitales y asociaciones también tienen grupos de apoyo formados por personas que ofrecen valiosos estímulos y apoyo. La investigación muestra que las personas que participan en estos grupos pierden más peso que los que van solos. Utiliza el "sistema de amigos". Pídele a un amigo o familiar que esté de guardia para recibir apoyo moral cuando estés tentado a alejarte de su nuevo estilo de vida. Sólo asegúrate de que no estás compitiendo con esta persona para bajar de peso.

No te obsesiones con los "malos días" cuando no puedes evitar comer más. No tires nunca la toalla. Observa qué pensamientos y emociones causaron que comieras más en un día determinado. Piensa cómo puedes lidiar con ellos de maneras distintas a la ingesta compulsiva. Un psicólogo puede ayudarte a formular un plan de acción para manejar estos sentimientos incómodos. Contar con el apoyo de un psicólogo te puede ayudar a lograr tus objetivos con mayor facilidad. El porcentaje de éxito es mucho mayor. La mayoría de pacientes que acuden a terapia y siguen las indicaciones que se les dan, logran sus objetivos.