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¿Cómo lo hacen las personas más eficientes? Ley de Pareto y Ley de Parkinson

Ser perfeccionista no es sinónimo de ser bueno realizando un trabajo. A nivel psicológico ser demasiado perfeccionista puede ser un problema y a nivel laboral también puede serlo. A veces menos es más. La eficiencia es la clave. ¿Cómo consiguen ser tan eficientes algunas personas si yo trabajo más y mejor?

Te explicamos dos leyes que seguro cambian tu manera de percibir la perfección y la eficiencia. La ley de Pareto y la ley de Parkinson.

El principio de Pareto: Ley  del  80/20

Vilfredo Pareto (París, 1848) fue un sociólogo y economista italiano. A partir de análisis estadísticos llegó a la conclusión de que la distribución de la renta en cualquier sociedad responde siempre a un mismo modelo, basado en que el 80% de la riqueza está en manos del 20 % de la población.

Éste concepto ha servido para aplicarlo a multitud de aspectos ligados a la productividad y la eficiencia. ¿Qué pensarías si el 20% de tu trabajo produjera el 80% de los resultados? Habría que plantearse en concentrar las energías en ese 20%, ¿no?. Pues ésta es una de las estrategias que utilizan las personas altamente eficientes.

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Cómo te puede ayudar el principio de Pareto

Éste principio se puede aplicar a diferentes ámbitos de la vida: a la gente que te rodea (concentra tus esfuerzos en el 20% de personas que te aportan el 80% de beneficios a nivel emocional), al ámbito laboral (menos esfuerzo y más rendimiento aplicándolo al 20%, que aporta más resultados), e incluso a cualquier aprendizaje (aprende ese 20% de palabras en un idioma que le aportarán un 80% a tu nivel de conversación).

El principio de Pareto aplicado a nuestro trabajo consiste en identificar qué 20% produce el 80% de nuestros éxitos laborales y qué actividades consumen el 80% de nuestro tiempo y solo nos dejan un 20% los logros. Si dejas de hacer esas tareas  que obtienen pocos resultados (eliminándolas, delegándolas o simplificándolas) ganarás un 80% de tiempo para dedicárselo a las actividades que realmente están funcionando.

La importancia y complejidad de una tarea es directamente proporcional al tiempo del que se disponga para su realización

La ley de Parkinson: tiempo y eficiencia

Cyril Northcote Parkinson, 1957: “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. A ésta conclusión llegó este historiador británico observando el mal de la burocracia en la Administración. Cuando se nos da  un tiempo dilatado para realizar un trabajo, tendemos a ocupar todo ese tiempo en la realización.

Tendemos a pensar que cuánto más tiempo le dediquemos a algo mejor es el resultado. Pero en la práctica no es así. La importancia y complejidad de una tarea es directamente proporcional al tiempo del que se disponga para su realización. Nuestra mente se relaja, nos volvemos perfeccionistas, le damos mil vueltas y lo complicamos. Esto es lo que suele ocurrir y nos hace menos eficientes.

En cambio, cuando sentimos la presión de la fecha límite nos centramos en realizar aquello importante y elegimos los caminos más cortos, aumenta la eficiencia.

Cómo evitar  la ley de Parkinson en tu trabajo

La manera de trabajar de manera más eficiente consiste en establecer fechas suficientes, pero muy ajustadas. Así evitaremos distracciones y actividades irrelevantes para el objetivo.

Divide las tareas largas o difíciles en tareas más pequeñas, de forma que podamos asignar plazos cortos a cada una y no tengamos la sensación de tener mucho tiempo para la consecución del objetivo final. Aléjate de la búsqueda obsesiva de la perfección. Busca el equilibrio entre un resultado beneficioso y  un tiempo adecuado.